Durante más de diez años trabajé acompañando personas en espacios de intimidad, escucha y exploración corporal. En ese recorrido comenzaron a aparecer preguntas que rara vez encontraban lugar en los consultorios, las instituciones o las familias: ¿cómo me acerco a otro cuerpo?, ¿cómo expreso lo que deseo?, ¿cómo digo que no?, ¿cómo construyo autonomía cuando siempre hubo alguien decidiendo por mí?
Este libro nace de esas preguntas y es una invitación a pensar la sexualidad y la discapacidad desde la experiencia concreta, el encuentro humano y el conocimiento que surge cuando el cuerpo también participa de la conversación.
A través de relatos, reflexiones y situaciones reales, comparto preguntas e ideas que fueron surgiendo a lo largo de años de trabajo y encuentros con otras personas. Muchas de ellas nacieron mientras acompañaba cuerpos, deseos, miedos, vergüenzas y búsquedas que rara vez encuentran un espacio para ser nombradas.
Esta investigación no parte solamente de libros o teorías. Parte también de haber puesto el cuerpo, la escucha y la presencia en experiencias concretas que me obligaron a repensar una y otra vez qué entendemos por sexualidad, autonomía, consentimiento, placer y discapacidad.
Dirigido a profesionales, estudiantes, familias y a cualquier persona interesada en comprender la sexualidad más allá de los discursos tradicionales, este libro propone una mirada poco habitual: la de alguien que no observó estas experiencias desde afuera, sino que las transitó poniendo el cuerpo, la escucha y la presencia en cada encuentro






Ana (propietario verificado) –
Me interesó especialmente la manera en que el libro vincula sexualidad, autonomía y construcción de confianza. Muchas veces, incluso desde los espacios terapéuticos, hablamos de cuidados sin preguntar qué desea realmente la persona con discapacidad. Es un material que abre preguntas necesarias para nuestra práctica.
Laura (propietario verificado) –
Como madre, este libro me ayudó a revisar algunos miedos y actitudes de sobreprotección. Acompañar no significa decidir todo por nuestros hijos, sino ofrecerles información, privacidad y herramientas para que puedan elegir. No siempre es fácil, pero necesitamos empezar a hablar de estos temas.
Juan (propietario verificado) –
Me sentí identificado con la dificultad de tener que explicar mi discapacidad antes de cada encuentro y esperar la reacción de la otra persona. El libro no presenta a las personas con discapacidad como seres sin deseo ni como ejemplos de superación: habla de nosotros como personas adultas, con dudas, fantasías, límites y derecho a decidir
Ruben (propietario verificado) –
Me resultó muy valioso que el libro destaque la importancia de hacer preguntas y no trabajar desde suposiciones. Cada persona tiene diferentes formas de comunicarse, expresar consentimiento y construir seguridad. Es una lectura que puede ayudarnos a acompañar sin invadir ni reemplazar sus decisiones.
Diana (propietario verificado) –
Me interesó porque habla del encuentro con seriedad, sin romantizarlo y sin reducirlo únicamente al acto sexual. La charla previa, la accesibilidad, los límites, la higiene, el ambiente y la contención forman parte del trabajo. También muestra cuánto nos falta aprender para recibir a personas con discapacidad sin miedo ni prejuicios
Valeria (propietario verificado) –
Encontré temas que rara vez aparecen en los materiales tradicionales como el derecho al deseo, la privacidad, la comunicación de los límites y la falta de espacios accesibles. Puede ser un buen punto de partida para pensar una educación sexual verdaderamente inclusiva durante la vida adulta
Roberto (propietario verificado) –
Durante mucho tiempo sentí que las demás personas hablaban de mi cuerpo desde la salud, la asistencia o la dependencia, pero casi nunca desde el deseo. Este libro pone en palabras algo importante: no quiero que decidan por mí qué puedo experimentar, con quién ni de qué manera.
Santiago (propietario verificado) –
me hizo entender que acompañar no consiste solamente en organizar traslados, tratamientos o cuestiones económicas. También puede significar ayudar a encontrar información confiable, respetar espacios privados y estar disponible para conversar sin burlas ni juicios.
Oscar (propietario verificado) –
Me quedó resonando la idea de que conocer el espacio, las reglas y las posibilidades genera seguridad. La accesibilidad no es solamente una rampa o una cama adecuada: también es recibir información clara, poder anticipar lo que sucederá y encontrar a alguien dispuesto a escuchar. Esa mirada amplía mucho la manera de pensar el bienestar.